En los últimos 15 años, el streaming ha transformado la industria musical, alejando a las audiencias de la piratería y convirtiendo a cientos de millones de oyentes en suscriptores de pago.
En 2025, Spotify pagó más de $11 mil millones de dólares en regalías a los titulares de derechos musicales, el mayor pago anual realizado por cualquier empresa en la historia de la música. Hoy en día, los pagos de Spotify representan más del 20% del valor global de los derechos musicales.
Los titulares de derechos —incluidas disqueras y editoras— reciben aproximadamente dos tercios de cada dólar que Spotify genera por la música. A medida que nuestro negocio crece, también lo hace el fondo común de regalías musicales.
Ese crecimiento se está traduciendo en un éxito más amplio y duradero para los artistas: actualmente hay más artistas que generan más de $100,000 dólares al año solo en Spotify que los que lograban estar en los estantes de las tiendas de discos en el apogeo de la era del CD.
Sin embargo, aún queda mucho por hacer.
Mediante políticas bien diseñadas, desarrolladas por los gobiernos en colaboración con los actores de la industria, podemos potenciar el progreso alcanzado para incrementar las regalías musicales y eliminar ineficiencias en el ecosistema. Esto beneficia directamente tanto a los artistas como a los fans.
En Spotify, estamos convencidos de que las políticas públicas juegan un papel fundamental para consolidar una economía del streaming que maximice el potencial de ganancias de los artistas, expandiendo los ingresos totales de la música y asegurando que una mayor parte de ese dinero llegue a los creadores y equipos que lo ganan . Esa convicción define nuestra visión, la cual se centra hoy en dos prioridades:
El sistema actual depende de metadatos, múltiples bases de datos y procesos de licencias que varían según la región. Esta complejidad técnica puede retrasar los pagos, limitar la transparencia y, en algunos casos, impedir que las ganancias lleguen a los creadores.
Garantizar que las regalías lleguen a los destinatarios correctos y desarrollar nuevos productos depende de contar con información precisa sobre cada canción (metadatos o ‘identificadores’). Con frecuencia, los vacíos o inconsistencias en estos datos generan confusión, retrasan los pagos y provocan que muchas regalías se queden sin distribuir.
Los servicios de streaming como Spotify no pagan directamente a los compositores. En su lugar, pagamos a las sociedades de gestión y editoras, quienes a su vez pagan a los compositores . Incluso para las editoras, las regalías suelen canalizarse a través de las CMO, piezas clave para otorgar licencias masivas y distribuir pagos globalmente. Aunque este modelo tradicional sostiene la economía de la música, su complejidad dificulta el seguimiento detallado de los pagos y la obtención de datos precisos para una creación eficaz de políticas musicales.
La limitada transparencia pública de los pagos de regalías de los servicios de streaming en general dificulta que los legisladores, los artistas y los participantes de la industria comprendan el impacto económico total del streaming. Esto impide una formulación de políticas eficaz y basada en evidencia.
Aunque la música genera hoy decenas de miles de millones de dólares, los ingresos globales pueden crecer aún más. Para lograrlo, debemos combatir el fraude para proteger la integridad de los mercados legítimos, eliminar las barreras políticas que excluyen a los artistas y reconocer que todos los actores del ecosistema tienen la responsabilidad de protegernos contra amenazas como la suplantación de identidad mediante IA.
Las plataformas sin licencia y el fraude digital desvían audiencias e ingresos que pertenecen a los creadores. Es fundamental implementar acciones coordinadas que protejan la integridad del mercado y aseguren que los ingresos se canalicen a través de servicios con licencia.
Aunque los creadores de música han adoptado los avances de la IA, actores malintencionados pueden usar esta tecnología para suplantar artistas sin permiso, explotando su identidad y afectando la integridad de su obra. También se utiliza para saturar las plataformas con cargas masivas, duplicados y pistas artificialmente cortas (conocidas como slop). Sin control, estas prácticas erosionan la confianza y desvían las regalías de los creadores legítimos. Si bien cada servicio puede aplicar soluciones antifraude propias, los estándares compartidos pueden hacer que la aplicación de la ley sea más eficiente en toda la industria al reducir la duplicación de esfuerzos para sellos, distribuidores y servicios de streaming, ofreciendo además información más consistente y significativa al consumidor sobre cómo se utiliza la IA en la creación musical.
Ciertos enfoques regulatorios pretenden que los servicios de streaming prioricen o recomienden música basándose en la nacionalidad o el lugar de origen de un artista. Esto interfiere con la libertad de elección del usuario y limita la capacidad de los creadores para alcanzar audiencias internacionales en igualdad de condiciones. En 2024, más de la mitad de los artistas que generaron al menos $1,000 dólares en regalías en Spotify obtuvieron la mayor parte de sus ingresos de oyentes fuera de sus países de origen. Proteger este fenómeno de exportación es vital para preservar la elección del consumidor y permitir que los artistas logren abrirse paso y prosperar más allá de sus fronteras.
Los nuevos impuestos o gravámenes al streaming amenazan con socavar el modelo de suscripción de pago, al aumentar las tarifas para los consumidores y, por lo tanto, incrementar el abandono de suscriptores (churn), lo que reduce los fondos disponibles para los creadores en general. Además, estas cargas limitan directamente la capacidad de inversión en nuevas herramientas para artistas, mejores medidas antifraude y otras innovaciones clave.
La colaboración y las reformas estratégicas permitirán expandir los ingresos por regalías y optimizar su distribución, aumentando la transparencia y garantizando que las ganancias lleguen a los artistas y compositores correspondientes. Spotify seguirá compartiendo datos y conocimientos prácticos para promover políticas basadas en evidencia que aseguren el crecimiento a largo plazo para creadores y fans.